40 gr de peso…

Una mezcla contundente de masa suave y un espeso dulce de leche…

La sensación a vainilla y chocolate estremeciendo los nervios olfatorios…

Era la receta N.° 20 que Ángel Lineo De Pascalis probaba en su pequeña fábrica de Ezpeleta, allá por 1962, cuando el límite entre los alfajores comerciales y artesanales no estaban bien definidos. Incluso en el tiempo en que los espacios que podía llenar un alfajor en la dieta de cualquier argentino aún no eran explorados.

Esa consistencia densa y algo pegajosa que dejaba el dulce de leche cuando se parte con la galleta era la textura que estaba buscando. En ese instante Ángel supo que podía dejar un legado. En ese preciso momento se convirtió en un héroe para las decenas de miles de personas por Buenos Aires y el conurbano que están orgullosas de pertenecer a este club de culto. Un espacio que tiene como máxima disfrutar del placer goloso que es probar y compartir con un café o mate un “Capitán del espacio”.

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Qué legado puede ser más noble que el arte hecho postre?

Ya hace más de 58 años que Ángel pintó un lienzo de color dorado sobre esta obra de repostería. Adornado con el sueño del pibe… ese pibe de zona sur que jugaba a ser astronauta en plena carrera hacia la luna. El pibe de la escuela que guardaba las miguitas que quedaban hasta el próximo recreo. El que juntaba las moneditas que dejaba olvidadas su mamá para tener en el momento del deseo o regalar a esa primera novia.

Durante muchos años -y varias generaciones-, esa obra culinaria quedó suspendida en el tiempo.

Inmutable, identificable, con sabores y olores únicos.

Todos pensaron que durante la masificación de la industria, entrados los 80’ y 90’, Ángel iba a agiornarse a los estándares de mercado e iba a claudicar ante los mandatos del marketing, es decir:

  • Diversificar para abarcar a distintos públicos ofreciendo gustos diferentes.
  • Pensar en la satisfacción de sus consumidores: en el de Quilmes como el de Córdoba, el de la Quiaca o Ushuaia; expandirse.
  • Invertir, por lo antedicho, en agrandar la producción.
  • Aprovechar que mucha gente lo considera un producto “premium” para aumentar su valor en comparación a otras propuestas.
  • Invertir en publicidad a fin de masificar el consumo, vender más y por lo tanto ganar más guita.

Bueno señores… nada, absolutamente nada de esto hizo Ángel.

  • No era su objetivo hacer plata porque sí… “ya tengo suficiente” le respondía a cualquier inversor interesado en expandir su negocio.
  • El alfajor que se vende hoy en una limitada cantidad de kioscos, estaciones de trenes o almacenes de barrio tiene prácticamente las mismas características que hace 40 años.
  • Solo podes comer de dos tipos, de chocolate o blanco… “bueno, te agregamos el triple porque nos pareció copado que sea más empalagoso y te parta de placer”, pensaron.
  • Lamentablemente, si no te haces amigo del kiosquero podes quedarte sin tu colación preferida; la producción y venta sigue siendo limitada.
  • Y aunque sea escaso y mucha gente lo desee, el valor de este alfajor suele ser más económico que varios de su misma categoría.

Este antimarketing evidente es el que eligió Ángel para su empresa hasta su fallecimiento, en agosto de 2012, y lo siguieron sus sucesores. Nunca puso un peso en publicidad; “ya puedo vender toda mi capacidad” decía desde su remodelada fábrica ubicada en la calle Gran Canaria N.° 350 de la localidad de Quilmes.

En los años 80´ ya logró vender en cada semana de trabajo la totalidad de su producción, respetando los cupos semanales que acordaban con las distribuidoras. Por eso siempre, en casi toda la historia de la marca, hubo lista de espera para los negocios que quisieron repartir el alfajor a una zona o localidad nueva.

“Va a ser casi imposible que vea este alfajor en algunos lugares de Zona Norte”

decían los kiosqueros hace pocos años, la gente los arrasa mientras están cruzando Capital, muchas veces no llegan”. En algún momento fue común ver en los carteles de kioscos ubicados en arterias de CABA la consigna “No tenemos alfajores Capitán del Espacio” al estilo del “No se carga sube” de ahora.

Pero… Qué vio Don Ángel para sostener esta idea culinaria y de negocios hasta convertirla en culto? – Formaba parte de una Sociedad Secreta que podía verlo en un futuro viajando al cosmos, con esa escafandra abierta en pleno vacío espacial?

Quizás nunca lo lleguemos a saber, lo cierto es que cuentan los expertos que “hacerse desear” es la clave. La base del éxito fue el esfuerzo de Ángel por “respetar el gusto de sus consumidores, sin modificar el sabor y calidad de sus alfajores”, según narra la propia página web de la compañía.

La construcción de la leyenda puede evidenciarse en los miles de seguidores y posteos en redes sociales que lo veneran. O en la conmemoración anual del glorioso “Día del Capitán del espacio” en honor a la partida a otro plano del artista. Y al mito lo transmitieron y aumentaron en grandilocuencia de generación en generación.

Capitán del espacio siempre mantuvo un público leal y dedicado, regional y comprometido; y pasional… muy pasional. Ay de aquel que ose criticar el nivel de placer extremo de comer un Capitán del espacio!…

“…si no te gusta eso es porque te fallan las papilas gustativas”

“Si insultás al alfajor insultás a Quilmes!”

“Cuánto barrio te falta…”

“De alfajores no entendés nada!!”

Son algunas de las respuestas transmitibles de quienes defienden a capa y espada al niño astronauta.

“más que un alfajor es la nostalgia bañada en chocolate al menos para los de zona sur del conurbano”

dice un seguidor de la marca.

Por fortuna, Don Ángel, su empresa y su producto estrella sobrevivieron a todas las crisis argentinas. A lo sumo compensó caídas de consumo temporales en algunas localidades al expandirse hacia otras; es así como muchos habitantes de diferentes provincias de nuestro querido país llegaron a disfrutar su producto.

Su legado sigue dando trabajo a casi 40 familias, incluso algunos empleados llegaron a jubilarse permaneciendo en la fábrica desde los 18 o 20 años de edad. Siempre conservó ese espíritu de empresa familiar en el negocio. Tanto él y los actuales dueños tuvieron la audacia de conservar el misterio, el bajo perfil y el hermetismo de la marca.

En pleno transcurso del siglo 21 Capitán del espacio es una golosina que llega desde otro tiempo totalmente diferente y que puede competir cabeza a cabeza con otras marcas premium reconocidas. En parte logró esto por los valores sostenidos en lo que respecta a calidad y precio del producto, jugando de taquito con el boca a boca y lejos del marketing tradicional o las grandes campañas publicitarias.

No otorgamos más cuentas porque la empresa es chica y mantiene la misma cantidad de empleados desde siempre.

Explican los actuales dueños, indicando que conservar el sabor del alfajor es la regla número 1.

La clave es mantener la producción de la masa y sus ingredientes de manera artesanal.

Pero algo aún más relevante le pasó a De Pascalis cuando estaba al mando de su empresa y la pasión por el alfajor argentino era ya un hecho constatado por todos. En el año 2006 se realizó una competencia internacional de alfajores de nuestro país y el globo. Un jurando especializado premió a la versión simple del “Capitán del espacio” como el mejor alfajor del mundo, luego de llegar a la final contra dos conocidos rivales -con mucha presencia en kioscos- como Jorgito y Terrabusi.

Un guiño a ese don de gente y a esa forma de ser tan cercana que tenía Ángel con sus empleados… “Siempre estarás con nosotros. Gracias por crear la golosina que hizo feliz a muchos argentinos” reza una de las primeras presencias que tuvo la marca en redes sociales. Aunque el rostro de ese niño sonriente y encasquetado no cambió en casi 60 años, algo que si se renovó es el público que, a medida que conocen el producto, se convierten en fanas del Capitán.

Con faltante de stock en muchos grandes kioscos -aún en la zona de Quilmes-, desde aquí nos encargaremos que la idea de una colación simple pero generosa, de combinación y consistencia única, se mantenga presente en las sorpresas que lleguen a todo el mundo.

Gracias Don Ángel! Representante de la inventiva y buen gusto dentro de las golosinas argentinas pero, más que nada, baluarte de que la idea de que un alfajor te puede llevar a rincones impensados de tu propia historia de vida…

One thought on “Breve historia de un alfajor de dulce de leche pionero en la conquista del sabor

  1. Fernando nano says:

    Primero capitán. Del espacio después mi papá y mamá después la muerte sin exagerar así de claro

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